LA LARGA LLEGADA DE LOS GITANOS

 Atrás quedaron los tiempos en los que se especulaba sobre el misterioso origen de la raza calé. Ya en el siglo XVIII la lingüística comparativa puso a los investigadores sobre la pista definitiva y los estudios de genética de poblaciones no dejan dudas al respecto: Los gitanos provienen de la India. 


Los estudios realizados para determinar con precisión dicho origen han fracasado, impidiéndonos saber de qué zona concreta del Indostan proceden, pero han permitido establecer correlatos genéticos entre las distintas poblaciones rom de Europa y la de sus parientes indios. Se sabe que el grado de parentesco es mayor entre un gitano español y un habitante de la India central que entre aquel y otro español no-gitano, y se sabe que la deriva genética es menor cuanto más al este de Europa nos movemos. Así mismo el total de población romaní estudiada procedería de un grupo o suma de grupos emparentados que rondaría los mil individuos. La historiografía no desmentirá esto.

No obstante es preciso hacer algunas puntualizaciones acerca de la metodología utilizada en la genética de poblaciones. Cuando se realizan estos estudios se escoge como elemento de investigación, bien personas vivas (lo más frecuente) o bien restos mortales que estén suficientemente bien conservados como para proceder a la extracción del material genético. Cuando se escogen a personas vivas se buscan ejemplares que no estén afectados por los movimientos de población recientes, en general gente anciana que tenga certeza del origen de sus padres y abuelos. Estas investigaciones, o al menos las más fiables de ellas (las que se centran en la identificación de marcadores genéticos del cromosoma Y y el ADN mitocondrial), se remontan a sólo dos décadas, y utilizarían como elemento de estudio a individuos nacidos en el segundo cuarto del s XX cuya memoria familiar se remontaría, a lo sumo, al último tercio del s XIX. Desde la llegada a occidente de los primeros gitanos documentados en los albores del 1400 hasta la década de 1860-70, van casi quinientos años durante los cuales se han producido docenas de guerras intraeuropeas y de las cuales los gitanos casi siempre huyeron de un país a otro, de modo que estos estudios nos dan buena información sobre la generalidad del grupo, pero no sobre sus partes. Además, dichos estudios se centran en unas pocas decenas de individuos por lo que el hallazgo de elementos singulares modifican las conclusiones de manera notable. La división de grupos gitanos actuales es posible que no se remonte más allá de dos siglos.

Esta aclaración viene a cuento porque, para el caso que nos ocupa, son los gitanos andaluces los que interesan, siendo éstos de entre su etnia los primeros en asentarse en entornos urbanos, en tomar profesiones, en abrazar el catolicismo, en abandonar su lengua, en emparentarse con los gadzé y en diluirse en el común. Cientos de miles de españoles tienen antepasados gitanos sin saberlo ciertamente, antepasados que se emparentaron fuera del grupo y que renunciaron a su identidad y cultura para huir del estigma, y este caso es más frecuente en las grandes poblaciones andaluzas. La mayor parte de este proceso se realizó en los primeros siglos de estancia en el sur de España, de  modo que los estudios genéticos realizados modernamente sobre gitanos españoles sobrerrepresentan a los individuos llegados en sucesivas oleadas al socaire de guerras y revoluciones.

Hablemos ahora de glotocronología. Ésta es una rama de la lingüística comparativa equivalente a la datación por carbono 14 en arqueología. Parte del mismo supuesto: Que las variaciones que aleatoriamente se producen en un elemento lo hacen, a largo plazo, a un ritmo más o menos constante, de modo que si analizamos las diferencias entre dos palabras de dos lenguas emparentadas que tengan origen común, viendo las diferencias podemos calcular el tiempo que llevan ambas lenguas separadas. La glotocronología emparenta el romaní con varias lenguas del grupo indoiranio, en especial con el hindi. La datación oscila entre 390 a.c. para el hindi occidental y el 1700 a.c. para el cachemir. Aquí también cabe una precisión metodológica: La datación da cifras más arcaicas en lenguas que, como el romaní, evolucionan aceleradamente por no tener gramática y por estar sujeta a entornos muy cambiantes.

El historiador árabe Hazam de Ispahan  y Ferdowsi en su Shah Nammeh hablan de la petición de músicos del rey Bahran Gur en el siglo V d.c. al rey de la India, Shangul. Hazam lo relaciona con los zott y dice que fueron 12.000 los músicos enviados y Ferdowsi los relaciona con los luri y dice que fueron 10.000. Según este último se les proveyó de asnos y grano para que se asentaran, trabajando durante el día y tocando durante la noche, pero los luri lo gastaron todo en el primer año y fueron condenados por el rey persa a vagar y a tener que tocar gratis. Hoy día zott y luri siguen siendo palabras persas para definir a gitanos.

John Sampson, lingüista inglés que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX , los dividió en tres familias que probablemente se separaran ya en Persia: Rom (europeos), Lomavren (armenios) y Domari (asiáticos). La primera silaba marca la diferencia de pronunciación de la palabra sánscrita domba, que significa hombre. La estancia en Persia debió ser larga por la presencia de abundante vocabulario. La separación entre las tres ramas así mismo también se antoja temprana, quizás en este momento. La poca presencia en el romaní europeo de palabras árabes da una pista de la fecha de salida, aunque dicha conclusión hay que cogerla con cautela, pues aunque islamizada, Persia conservó su lengua irania. Los préstamos armenios en el romaní no están presentes en lovrem y domari, lo que indica que la estancia mas o menos prolongada en el Cáucaso se hizo cuando los rom ya eran un pueblo independiente.



Los gitanos antiguos debieron importar modelos sociales indios. Uno es el sistema de subcastas (jati) que implica especialización profesional, la endogamia concertada dentro de la misma subcasta para impedir la disolución gremial y dispersión necesaria para mantener mercados separados. Aún hoy día subsisten en Europa central y balcánica subgrupos como los kalderash (caldereros), boyhas (exhibidores de animales), churari (traficantes de caballos) y valsikanés (feriantes) que heredan esta división del trabajo.

La influencia del griego es aún más importante que el persa, y como con el árabe, la ausencia de prestamos turcos implica que el contacto con la cultura griega se dio antes de cruzar los Dardanelos y que probablemente este viaje lo acometieron ante la expansión otomana. Griega es la palabra “athinganoi”, de donde deriva la multitud de denominaciones con que se les conoce en la mayoría de lenguas europeas (zíngaros, cygan, ciani, tsinganos...) y que los vincula etimológicamente a magos y hechiceros, quizás por su contacto con los magos persas. La falta de complejidad religiosa y la obsesión con no mezclarse con el resto podría ser un residuo de creencias zoroástricas. En 1323 en Candía, Creta, son descritos como descendientes de Caín y un siglo más tarde se les ubica en Grecia continental como “egipcios”. En Methoni, en la costa occidental del Peloponeso, se documenta su presencia como peregrinos errantes a finales del s XIV, anticipando la tapadera que emplearán para introducirse en occidente; allí estaba la colina de Gype, el “Egipto Menor”, donde constituían un asentamiento aparte en el que estaban especializados profesionalmente como zapateros o chalanes, pero sobre todo como trabajadores del metal. En esta época el romaní adopta multitud de préstamos griegos y la glotocronología ubica la separación entre el grecorromaní, el kalderash y el romaní gales en un lapso de 1040-1200 dc, ligeramente anterior a la constancia de su presencia en Creta.

A finales del s XIV van cayendo bajo el pie otomano los diferentes reinos balcánicos a excepción de Valaquia y Moldavia que importan el modelo eslavo de voivodato, una especie de feudo fuertemente militarizado. Aquí los gitanos serán esclavizados por los voivodas que sacan partido de sus habilidades herreras. Los sucesos que se relatarán a continuación encuentran sentido en la necesidad de escapar de esta esclavitud.

En 1416 aparece en Hungría un tal señor Emaus de Egipto con un séquito de 120 personas, la primera mención de un grupo amplio que recauda dinero y alimentos como donación o limosna de peregrinos. No sabemos si este grupo es la matriz de otros que se documentarán a continuación ni si es uno de varios que pudieron recurrir a la misma estrategia para camuflar su huida de los voivodas.

Segismundo de Hungría, a la sazón emperador electo aceptó concederles audiencia y les procuró los primeros salvoconductos imperiales en 1417: Eran peregrinos cuya tierra estaba más allá de Babilonia y Tierra Santa y a la que retornarían tras una peregrinación de 7 años impuesta por apostasía al haber abrazado el islam bajo el dominio otomano.  En una época donde la misma identidad cristiana de Europa estaba siendo amenazada por la pujanza de los sultanes, este tipo de historias se consideraban ejemplares y edificantes y despertaban simpatía política en las autoridades. Además el evangelio podía eximir de culpa a estos peregrinos por pequeños hurtos famélicos.

En los años siguientes veremos en distintas partes del imperio repetirse la misma acogida a la misma historia, mayormente protagonizadas por los séquitos de Mihaly (o Miguel, o Miquel, o Michel) y  Andrash (o Andrés, o Andrea o Andreé), ambos duques o condes del Pequeño Egipto y a partir de 1422 se empiezan a exhibir salvoconductos papales de ambos, si bien los registros vaticanos no reflejan entrevista alguna con ellos. Les empiezan a acompañar insistentemente noticias acerca del carácter de ladrones y engatusadores. Entre 1425-35 los condes Juan y Tomás se movieron por Aragón y Navarra recibiendo donaciones y quedando exentos de aduanas gracias a permisos de Alfonso V el Magnánimo.

La insistencia, aún años más tarde del primer salvoconducto, en proceder de Egipto Menor pudo deberse a que en aquella época aún existían vínculos directos entre estos cabecillas y la colonia grecorromaní. La presencia de préstamos eslavos y rumanos se remontaría a los años previos a esta entrada en occidente. Desconocemos si estos condes o duques eran también gitanos o si eran utilizados como intérpretes que pudieran conocer el latín u otra lengua con la que poder comunicarse con las autoridades, ni si las cartas y salvoconductos eran la manera que tenían de comunicar su historia.

A finales del s XV principios del s XVI, la situación se deteriora en todos los reinos de occidente por donde han circulado (Sospechas de espionaje, recelo de su nomadismo, proliferación de robos y estafas…) dando lugar a las primeras prohibiciones y pragmáticas. Por esta época circula la nueva versión de que la penitencia se debe a que sus antepasados no dieron cobijo a la sagrada familia en su huída a Egipto; dicho relato pudo cautivar la curiosidad de sus protectores, pero sin duda  pudo agravar la antipatía de la población.

En España, entre 1447-1476 se documentan multitud de salvoconductos reales a nombre de distintos condes-patriarcas por parte del rey de Aragón: Martín, Jacobo, Paulo, Miguel, Juan, Jaime… En ellos se invoca la autoridad papal y se reconoce autonomía para dirimir conflictos en su séquito. En Jaén son magníficamente recibidos por el Condestable de Castilla, Miguel Lucas de Iranzo, que recibirá sucesivamente a los condes Tomás, Martín, Jacobo y Paulo entre 1462-1470. Estos dos últimos pasan a Murcia donde recaudarán importantes donaciones. En adelante muchos nobles harán de protectores ante los servicios especiales que parecen procurarles (filtros amorosos para las damas, obtención de cabalgaduras para los caballeros...).

A finales del s XV se detecta la entrada de nuevos gitanos en España llegados por el Mediterráneo, autodenominándose griegos y adoptando el titulo de señor, caballero o capitán. Por esta época los gitanos ya no son recibidos con alborozo sino que son sobornados por ayuntamientos y concejos para que abandonen las tierras próximas. Proliferan las denuncias por robos, estafas, engaños, etc.

Los reyes católicos no cancelan las cartas de recomendación existentes, incluso redactan alguna nueva para el conde Felippo de Egypto, pero ya siempre por plazos limitados. En 1499 con la pragmática de Medina del Campo se suman a la lista de monarcas, príncipes, dietas, consejos y ayuntamientos que promulgan medidas contra ellos y redactan una serie de disposiciones que les obligaba a tomar asiento o señor, a ejercer profesión y a pechar como el común, so pena de expulsión. El revisionismo gitanista de segunda mitad del s XX ha querido ver en esta pragmática un hito xenófobo contra la convivencia, pero lo cierto es que a su promulgación los gitanos errantes eran  ya perseguidos por todo el Imperio, por Suiza y por Francia y precisamente el hecho de que la pragmática contemplase la posibilidad de asiento legal pudo motivar que la población urbana gitana en España fuese desde el principio abundante. Por otra parte carecía de sentido jurídico proteger a una población extranjera que se negaba a tomar forma legal y que delinquía sistemáticamente en detrimento de la población natural que sufría dichos delitos. En 1519 el emperador Carlos renovó estas medidas, penalizando la reincidencia con la esclavitud en galeras.

En Portugal se promulgan medidas represivas entre 1526-1557, al parecer ineficaces. En la obra literaria de Gil Vicente aparecen revestidos de todos los tópicos posteriores: Quiromantes, bailarines, chalanes… El termino portugués, curiosamente, no es gitano/egiptano, sino cigano/athingano.

Entre 1569-1588 Felipe II promulga leyes antigitanas, obligándoles a asentarse para tenerlos bajo control (como a los moriscos) y prohibiéndoles realizar determinadas transacciones comerciales sobre las que pesaba la perpetua sospecha de la estafa (caso de la compra-venta de caballos y mulas); de ésta época datan las gitanerías más antiguas. Son los años en los que tras el levantamiento morisco y las guerras contra los turcos se están reforzando las normativas de orden público. Su hijo Felipe III en 1616 decreta una de tantas expulsiones aunque se contempla su carta de ciudadanía siempre y cuando abandonasen lengua y costumbres y tomasen asiento.  Detrás de este decreto estaba la sospecha fundada de que muchos de los moriscos expulsados cinco o seis años antes se habían reintroducido en los reinos peninsulares haciéndose pasar por gitanos o integrándose en las hordas de éstos.

Esto indujo en 1633 a Felipe IV a cambiar el enfoque al determinar que no existía un pueblo gitano sino que tal estilo de vida era adoptado por todos aquellos que deseaban mantenerse al margen de la ley. Se decretan medidas de asimilación forzosa, de abandono de costumbres, de prohibición de que estableciesen gitanerías separadas. Se les condenaba a galeras y se establecía la facultad de esclavizarlos si los capturaban errantes. La efectividad de estas medidas siempre fueron muy relativas; en un país con una densidad de población que rondaba los 20 hab/km2, con extensas comarcas montañosas y cuya fuerza militar estaba volcada en mantener una hegemonía internacional que estaba perdiendo, los gitanos camparon a sus anchas.

Por tanto, a mediados del s XVII, tras más de dos siglos de presencia en suelo peninsular, tenemos a multitud de bandas de gitanos que campean por las comarcas menos pobladas del país, desafiando con sus hurtos, estafas y chalaneos la vigilancia de la Santa Hermandad. Y también tenemos, en las principales ciudades de Andalucía, grandes familias enteras asentadas en barrios y arrabales que en el pasado habían dado cobijo a moriscos, negros y mulatos (Triana es el ejemplo máximo) y que toman profesiones que les permiten desde el principio eludir la acción de la ley: Herreros-quincalleros, labradores, cesteros... En los censos se les denomina ya “castellanos nuevos”.

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