EL CANTO MOZÁRABE

A partir del Concilio de Nicea se instauran patriarcados independientes (Bizancio, Antioquia y Alejandría)  y se profundizó en la estructuración y ordenamiento de la doctrina, los cultos y las festividades. Se conforma un repertorio estable que propicia la aparición de misales y libros de canto, y a partir del siglo V se intenta evitar el fraccionamiento local del culto con la conformación de variedades regionales estables:

-Canto Greco-Bizantino: Se desarrolla en Constantinopla pero procede de Antioquia de donde importa sus ocho echoi o escalas musicales sirias cuyo origen último puede ser babilonio. Tras el Cisma de Oriente, en el siglo XI, prosigue su evolución al margen de la reforma gregoriana, y tras la invasión turca sobrevive en monasterios de Grecia y el sur de Italia. El canto actual superviviente se ha hecho permeable a la influencia musical turca y árabe.

-Canto Paleorromano: Variante autóctona de Italia central que se desarrolla en paralelo al Canto Romano oficial.

-Canto Milanés: Es la evolución en el norte de Italia de las innovaciones de San Ambrosio, como la composición hímnica o el estribillo antifonal. Recibirá influencias siriacas en los siglos V al VII desde Génova, que estaba en la órbita bizantina, e influencias francas a partir del siglo VIII, cuando su misal es reestructurado con elementos romano-gregorianos. Se basa en la melodía verbal (pronunciación de determinadas palabras con la misma melodía)  y en la ausencia de escala fija y su interpretación es mas silábica y melismática que el gregoriano, con expresivas alternancias entre recitados y cantos y entre intervalos tranquilos y elevados.

-Canto Aquileyense: Se desarrolla en Aquileya pero recibe influencias de toda Italia aunque a partir de la época carolingia es homogeneizado.

-Canto Beneventano: En el Benevento. Su repertorio data de los siglos V-VII, en contacto con Roma y Bizancio, y alcanza su auge en el siglo IX. A partir del cambio de milenio empieza a sufrir prohibiciones desde Roma. Sus melodías son adornadas y no silábicas, con pocos saltos dentro de la escala.

-Canto de tradición celta: Es el primitivo canto llano de los cristianos de Inglaterra, Irlanda y Bretaña. Nunca fue transcrito y las invasiones germanas y los misioneros romanos lo hicieron desaparecer a partir del siglo VII. Algunas cantilaciones de canciones populares irlandesas podrían ser pervivencia de él.

-Canto Galicano: Su origen es el canto paleorromano pero adaptado por los habitantes de la Galia. De liturgia próxima al mozárabe, despliega un léxico florido y extremismos melódicos.

-Canto Hispano o Mozárabe: Comparte origen con el galicano aunque con influencias visigóticas y recorrerá derroteros distintos a consecuencia de la invasión musulmana.

Todas estas variedades acabarían supeditadas al canto gregoriano. 
Ya desde el siglo V en Roma se concede especial importancia a las cualidades vocales y musicales de los novicios, hasta el punto de instituir la schola cantorum con el fin de desarrollar y preservar los cantos litúrgicos. La tradición atribuye la fundación de esta escuela a San Gregorio cuya incansable labor doctrinal, legislativa y organizativa le confirieron un aura de refundador del cristianismo romano que justifica la atribución de la autoría del canto romano oficial.

En años anteriores al papado de Gregorio los lombardos (una tribu germánica), habían  instaurado un reino en Italia y sólo la protección bizantina permitió a Roma mantenerse independiente. A mediados del siglo VIII el papa Esteban II invistió al primer rey carolingio como protector de Roma y sería Carlomagno una generación más tarde quien acabaría con la amenaza lombarda. Desde ese momento, el Imperio Carolingio primero, y el Sacro Imperio Romano Germánico después, resucitarán la idea imperial y promoverán la unificación de Occidente.

De estos siglos data la fusión del antiguo repertorio romano con el canto galicano de los francos dando lugar a un nuevo canto romano oficial que los carolingios quisieron atribuir a la figura mitificada de San Gregorio. Este canto irá desplazando poco a poco a todas aquellas variedades regionales surgidas a mediados del primer milenio pero dos importantes áreas quedarán fuera de dicha expansión: Los patriarcados orientales (escindidos a partir del 1054) y la mayor parte de Hispania, en manos musulmanas.

Durante más de trescientos años Al Andalus gozará de unidad, independencia y hegemonía peninsular y en este contexto histórico vivirán los mozárabes, cristianos sometidos pero tolerados, hablantes de romance y mantenedores de las tradiciones culturales preislámicas. La ley les impedía construir o reformar iglesias, les prohibía el proselitismo y les gravaba con impuestos, de modo que según fueron pasando los años muchos abrazaron el Islam y su número fue decayendo.

El canto mozárabe toma como base la tradición autóctona regional de los primeros cristianos hispano-romanos. Los visigodos, que en las décadas anteriores a la invasión de Hispania habían estado asentados en el bajo Danubio trajeron usos litúrgicos fuertemente influenciados por las iglesias orientales y además, en el período que va desde la institución del reino visigodo de Tolosa hasta la invasión musulmana, se producirá una retroalimentación recíproca entre los cantos hispano y galicano.

El último tercio del siglo VI se caracteriza por la efervescencia cultural hispano-goda promovida por los obispos católicos que promueven concilios y logran convertir al catolicismo a los reyes y nobles godos. Es por esta época en que se constituye el corpus único de la liturgia hispana, donde se incluye el canto que los mozárabes conservarán pese a la invasión musulmana.


La discriminación a la que eran sometidos motivó todo tipo de revueltas a lo largo del tiempo de modo que el flujo migratorio hacia los reinos cristianos fue constante, favoreciendo la difusión cultural de sur a norte. Durante la etapa de los primeros reinos de taifas este flujo se ralentizó gracias a la relajación de costumbres que supuso la abolición del Califato, especialmente bajo el mandato de la dinastía abbadí de Sevilla que extendió sus dominios desde el sur de Portugal al Levante. El último rey sevillano, Al Motamid, ante la presión constante de leoneses y castellanos llamó dos veces en su auxilio a los almorávides que en la segunda de ellas acabaron por deponerle y reconquistar las taifas andalusíes una por una. Con la llegada de los almorávides retornó el rigorismo islamista, se destruyeron iglesias y se expulsaron a la mayoría de los mozárabes. Los que pudieron quedar tuvieron que ocultar su fe y su lengua bajo pena de muerte.

En medio de este turbulento panorama se celebra en la década de 1080  el concilio de Burgos, en el que se suprime la liturgia tradicional y se sustituye por la romano-gregoriana. Con todo, el canto mozárabe pervive gracias a la notación, pero la ausencia de información precisa sobre la altura en la escala, hace que se desvirtúe. Cuando el cardenal Cisneros restituye el rito en una capilla de la catedral de Toledo en 1495, la pureza del canto original ya se ha perdido. La principal fuente es el antifonario de León, copia del siglo XI de un original cinco siglos anterior. Por entonces habían dos escuelas de notación: Toledo y Silos.

La liturgia mozárabe es de impronta popular, algo propio de un rito mantenido por una comunidad de fieles sin apoyo de las autoridades. Su carácter es marcadamente dramático y el canto es muy expresivo y melismático. En los alleluia prolixa la última sílaba contenía melismas de entre 50-200 notas y en ocasiones de hasta 250-300

Varios de los cantos de la misa eran de procedencia exclusivamente hispana:
-Las preces eran pequeñas oraciones recogidas en cortas frases y que algunos especialistas consideran el origen de las sequentias, breves estrofas que se popularizarán en la baja Edad Media como recurso para facilitar el aprendizaje de las melodías del gregoriano.
-El trisaghion, que incluía un canto especial, el aghios o theos, cuyo origen era claramente bizantino.
-El gloria, cuyas adornadas entonaciones se cantaban en latín y griego.

En el anterior artículo sobre la lírica popular andalusí veíamos que entre el siglo IX y XI la poesía árabe de Al Andalus desarrolla influencias a partir del substrato hispano-romano, del que adopta la métrica y ciertas palabras y estrofas en romance. Es de suponer así mismo que parte de la música de ese substrato viajaran con ellas. ¿Cuánto de ese patrimonio musical popular pudo estar influenciado por el canto mozárabe? Es difícil saberlo, pero es más que probable que muchos de los nuevos muladíes que abandonaron la fe de Cristo mantuvieron su idioma y sus cantos durante generaciones y que entre estos cantos pervivieran las melodías de aquellas preces entonadas por los feligreses en un rito que, de por sí, tenía al pueblo como protagonista.

¿Pudo ser el canto mozárabe, tan dramatico, tan exageradamente melismático y orientalizante, una de las lejanas fuentes de las que pudo beber el cante pre-flamenco? ¿Pudo conferirle esa extraña gravedad impropia de otras expresiones folklóricas europeas? Pudiera ser. En todo caso sería preciso determinar de qué modo pudo conservarse y transmitirse ese patrimonio musical.
            
Una opción sería considerar que la expulsión de los mozárabes eliminó el culto público y consentido en Al Andalus y el uso de la lengua romance fuera del hogar pero no su total desaparición. Se mantuviera o no el culto en secreto, volvemos a insistir en el hecho de que mozárabe es un término religioso, no lingüístico, y que por tanto la desaparición del culto cristiano en  el sur de la Península Ibérica no implica forzosamente  la desaparición total ni de la lengua romance ni de los usos poéticos y/o musicales que pudieron estar asociados en el pasado a dicho cultura: La música country entronca directamente con el folk irlandés pese a que los inmigrantes llegados a América abandonaron el gaélico y el catolicismo, y en la costa oeste  de Turquía se sigue comiendo tzaziki o queso feta.

Otra opción sería contemplar que buena parte de esos mozárabes expulsados a finales del siglo XI llevaron consigo sus tradiciones a las zonas recién repobladas del reino de Toledo que durante los primeros años conservó además la población autóctona, de modo que durante algunas décadas del siglo y pico que medió entre la conquista de Toledo y la conquista de Extremadura y el Valle del Guadalquivir, se mantuvo un continuum cultural respecto a los años de las taifas. Posteriormente los musulmanes también fueron expulsados del reino de Toledo, pero es difícil precisar qué proporción pudo escapar de dicha expulsión y cuantas conversiones se produjeron.

En conclusión, tenemos una larga tradición musical de origen oriental, de conformación nacional hispano-goda, con modos marcadamente propios, aislada durante los años de más intensa renovación litúrgica de occidente, que pervive bajo dominio musulmán y con una impronta muy popular que pudo permitir su filtrado al acervo colectivo pese a los conflictos étnicos y religiosos.

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